lunes, 28 de septiembre de 2026

 

RÉGIMEN PENAL JUVENIL 2026.  UNA LEY PARA APLICAR A LOS ABANDONADOS POR EL ESTADO.

 

La Argentina, en estos últimos 80 años fue generando uno de los peores males que puede sufrir un país.

 Me refiero a la pobreza extrema y/o estructural que residen en centenares de poblaciones organizadas como villas miseria. En esta clase social se encuentra mucha gente en estado de desesperación que lo obliga a corromperse en el delito.

Los políticos tienden a incluir en la misma clase social a indigentes (los que eventualmente delinquen y los de pobreza moderada (los que tienen las necesidades mínimas satisfechas y no delinquen) y con este ardid demagógicamente no estigmatizan a la totalidad de pobres declamando a viva voz que “los pobres no delinquen”

Ya Ortega y Gasset insistía en la circunstancia que rodea al hombre y esto aplica brutalmente a las comunidades excluidas de la Argentina donde el Estado es el único responsable.

Debe entenderse que me estoy refiriendo a niños y adolescentes que delinquen en la calle, a cielo abierto; no a los que hacen fraudes informáticos, políticos corruptos, y tantos otros como existen en toda sociedad.

Este tema es complejo y extenso, con lo cual este mensaje está dedicado exclusivamente a preservar a los niños y a los jóvenes excluidos. Lamentablemente los adultos indigentes ya no tienen solución: la mayoría de ellos sufriendo deficiencias cognitivas debido a la desnutrición infantil que les tocó padecer.

He escuchado muchas veces, “algo hay que hacer con los niños y jóvenes que delinquen y representan un peligro para la sociedad”, poniendo énfasis en el producto que causa el problema y no la “fábrica que los produce”.

Estos niños y jóvenes no tienen nada, muchos de ellos no tienen familia, no tienen padre, comparten la cama con su abuelo o con su tío y comida que toman de la basura y es casi seguro que hayan sufrido agresiones y desnutrición en su infancia. Tampoco tienen oficio y si hay algo que pueden hacer es el trabajo de mulas o “dealers” de paco o cocaína. Como puede apreciarse, en sus casos, la falta de dinero es lo de menos.

¡Claro que pueden delinquir y saben lo que hacen! y es ahí cuando la sociedad reacciona a este “justificado temor”. Muchos de los más pudientes al mismo ritmo que se crean villas miseria, se refugian en barrios cerrados o “countries” con seguridad las 24 horas.

 Pero hay un sector mayoritario de clase media (que también incluye a pobres moderados) que piden a los políticos que solucionen el problema y he aquí que a los más confundidos no se les ocurre otra idea que erradicar a todos los niños y adolescentes encarcelándolos o matándolos en flagrancia.

En pocas palabras hay compatriotas que proponen suprimir al producto que provoca su inseguridad y no a la “fábrica que los produce”.
Por supuesto, hay muchos políticos que aprovechan esta corriente para proponer “ley y orden”, un eslogan muy aceptable, pero nada que impulse a la prosperidad y a la educación.
Una ley siempre es más fácil y rápido de promulgar que realizar acciones para encauzar a un país al progreso y al bienestar general. Si una ley puede generar votos, se vota la ley, aunque se tenga que arruinar para siempre a un niño o a un joven que delinquió.

Este es el caso del nuevo Régimen Penal Juvenil (Ley 27.801), que bajó la edad de imputabilidad a los 14 años.

No hay que ser muy sagaz para saber que esta ley no está pergeñada para aplicar a niños o adolescentes que van a escuelas de élite como la ORT o a a Cristoforo Colombo; fue pensada para aplicar a niños y jóvenes abandonados por el Estado Argentino.

Por supuesto, esta ley sería la adecuada si el niño o el adolescente delincuente tuvo hogar y buena educación.
En otras palabras, esta ley debería ser aprobada posteriormente de que se solucione la pobreza extrema, “no antes”.
Nadie debería desconocer un axioma del derecho: “donde hay miseria hay delito”.

Lo más lamentable es que esta ley sacrificará jóvenes, pero no arreglará el problema; la producción de adolescentes delincuentes seguirá el ritmo de la pobreza general y si sigue este camino llegará el día que la inseguridad será insoportable y el país estará peor respecto a cuando se promulgó la ley que solo sirvió para echar humo a un problema que se simula solucionar.

Saludos y que todo sea para bien. Santiago.

lunes, 1 de diciembre de 2025

EL CUENTO DE LA PUERTA

LA PUERTAS TAMBIÉN TIENEN HISTORIA

                        Recordaba que de niño miraba azorado desde la ventanilla del tranvía como los internos de la antigua Penitenciaría Nacional  cortaban el césped y mantenían el entorno impecable; era un lugar que me intrigaba. Lo que no sabía es que, a metros de ese solar, muchos años más tarde, iba estar frente a una puerta que iba a usarla durante muchísimos años de mi vida. 

La puerta, más que puerta, siempre fue una entrada con aire señorial: era toda de vidrio con marco verde inglés y el paño vidriado enmarcado con contravidrios de bronce y un barral del mismo metal de igual altura de la puerta que invitaba a abrirla.

Por supuesto, gracias a un cierra-puertas instalado debajo del piso, se cerraba sola con total delicadeza.

Esta manera de funcionar lo hizo durante casi 25 años sin problema alguno en un edificio que tenía aire de estilo colonial.

Uno de los primeros cambios fue el color del marco metálico, que pasó del sobrio verde inglés a negro turco. No recuerdo cual fue el motivo del cambio de color, pero el portón siguió siendo “señorial”.

Un buen día, el cierra-puertas dejó de funcionar y por consejo de un experto cerrajero el administrador no reemplazó la máquina por otra similar para puertas de gran envergadura y en su lugar instaló un brazo hidráulico en la parte superior del marco. El inconveniente que supo tener este aparato es que de tanto en tanto había que calibrar su funcionamiento mediante el ajuste de un tornillo que tenía al efecto, pero el reemplazo no sustituyó nunca al aparato original y se toleró la deficiencia.

Por cuestiones que no analizaré, el atractivo barral de bronce fue arrancado por vándalos callejeros, pero, gracias a muchas de mis gestiones con el administrador de turno se sustituyó el mismo por otro igual y ¡de bronce!

Pasaron unos años y el cierra puertas anterior dejó de funcionar y la administradora convocó a otro experto cerrajero que aconsejó reemplazar el brazo existente por otro que fue más pequeño y de menor potencia y que él disponía y es el que tenemos actualmente. El mismo necesita para funcionar que sea calibrado casi diariamente. No hubo control de calidad de lo instalado y al momento todo continúa alegremente. 

El tiempo siguió su camino y los cacos volvieron a arrancar el barral de bronce.  En este caso la administración y con el consenso de algunos vecinos de soluciones prácticas, decidieron instalar “la pequeña "latita” que actualmente oficia de pomo para empujar la puerta.

El mal funcionamiento del cierra-puertas trajo aparejado varios problemas colaterales.   

Cuando la puerta cierra con excesiva fuerza golpea contra el marco fatigando su estructura y provocando a toda hora,  un ruido insoportable dentro de la vivienda del encargado con lo cual él mismo con mucha dedicación ajusta permanentemente la calibración para un cierre aceptable, pero que sabe durará poco; el mismo encargado sabiendo que la puerta dejará de cerrar correctamente, sobre todo de noche, puso un cartel invitando a “Comprobar que la puerta quede cerrada...etc etc” con marcador y letra a mano alzada, con lo cual en la actualidad la puerta se sigue cerrando no solo con el concurso del brazo hidráulico sino también con un cartel.

Afortunadamente un antiguo y dedicado vecino, pidiendo el acuerdo de algunos de sus pares, cambió ese cartel por otro impreso a máquina, muy prolijo, pero la puerta sigue humillada con una pegatina sobre el cristal que no arregla el problema de fondo, lo disimula, lo oculta, lo acepta.

Este relato cuenta solo una de las tantas historias de las malas reparaciones que están finiquitando con casi todos los servicios propios del edificio.

Como si todo esto fuera poco, hay alguien muy dispuesto que, para solucionar el problema del cerramiento de la puerta, propone de manera errónea cambiar la puerta y no el mecanismo que la cierra mal; como complemento a la degradación propone que la nueva puerta esta vez sea pequeña y de bajo perfil. 

En este caso, el edificio ya tendrá la apariencia de un PH barrial. Sin duda, podría ser una solución, pero, como siempre, “nivelando hacia abajo”, destruyendo lo que debe funcionar y bien.

Conocer la historia es también predecir el futuro, saber el camino en que estamos. Gracias por leer y espero que les haya sido útil y que todo sea para bien. Saludos, Santiago.